Hoy se cumplen seis meses. Los familiares y vecinos se reunirán a las 19 horas en la esquina de Salta y Oroño para seguir pidiendo justicia. La figura detrás de la investigación de la causa es la fiscal Graciela Argüelles.
En esta nota, Info341.com realiza un recorrido por el perfil de la mujer que tiene en sus manos la capacidad de sentar en el banquillo a los diversos responsables, y la situación actual de la causa. Una entrevista íntima donde Argüelles recuerda aquel martes 6 de agosto, y cuenta en detalle sus tareas.
La fiscal
1.
En el estacionamiento del Boulevard Oroño, junto a su chofer y a prudente distancia, la fiscal Graciela Argüelles observaba con mirada aterrada los dos edificios semi derrumbados, y el vacío entre medio de ambos. Desde la altura de la terraza del supermercado, su prosecretaria, la doctora María Eugenia Carbone también observaba. Pero desde su ángulo, más cercano, veía la base de los edificios: un hueco lleno de escombros y objetos personales donde antes había casas de pasillo.
Carbone volvió la mirada hacia la pequeña figura de Argüelles, y desde arriba le describió el panorama en voz alta: “Esto es Kosovo”. Eran apenas las diez de la mañana del martes 6 de agosto de 2013, los vecinos de la cuadra salían desorientados de sus hogares, los bomberos llegaban, y aún faltaban seis horas para que se diera a conocer desde Defensa Civil que el edificio que había explotado por una pérdida de gas era originalmente de tres cuerpos, y que el del medio se había desintegrado por completo.
2.
El derrumbe del edificio de la calle Salta 2141 es considerado la peor de las tragedias ocurridas en la ciudad de Rosario. En ella murieron veintidós personas, y fueron damnificadas más de doscientas familias del edificio y de la cuadra. En principio, nadie supo a ciencia cierta cómo repartir las responsabilidades por la explosión. Y es por eso que se abrió una causa que aún está en la etapa de instrucción y que fue engordando a lo largo de los meses.
En los Tribunales Provinciales de Rosario del edificio de mármol de Pellegrini y Moreno, en la planta baja y hacia el centro, se encuentra quien es la responsable principal de investigar los acontecimientos previos a la explosión, la fiscal provincial de Primera Instancia de Distrito Nº 11, doctora Graciela Argüelles. Ni la jueza a cargo -la doctora Irma Bilotta- ni el procurador general, Jorge Barraguirre, realizan declaraciones. La fiscal Argüelles es el punto de contacto entre la Justicia y los medios de prensa, y es también quien representa a la sociedad en su reclamo de justicia.
Arguelles es una mujer de lentes redondos de carey, y ropa sobria de tonos marrones, y tiene una presencia templada y voz maternal. Atiende a la entrevista con aparente calma, a pesar de las muchas interrupciones de los funcionarios públicos en su oficina y los llamados constantes.
El despacho tiene una antesala con dos computadoras, donde la prosecretaria Eugenia Carbone y el asistente Daniel Koffman saludan simpáticamente. La oficina de Argüelles es amplia, y en el centro tiene su escritorio con una foto amarilla de sus dos hijos cuando eran pequeños, un calendario del Tribunal de Justicia, y tres pilas de expedientes.
–Cuando me encargaron la causa estaba sentada en éste escritorio, atenta, haciendo el turno en suplencia. No me correspondía, pero la otra fiscal estaba con la causa de la banda Los Monos (sobre narcotráfico en Rosario), y la explosión de calle Salta me tocó aleatoriamente-, recuerda en el inicio de la entrevista.
3.
A las 9.38 de ese martes negro, Argüelles trabajaba en el despacho junto a Clarita, la nueva pasante, que estaba como ahora, sentada en el escritorio contiguo. Escucharon un estruendo, se miraron y pensaron que era un petardo por alguna manifestación frente a los juzgados, algo que suele ser habitual.
Eran casi las diez y el celular de la fiscal recibió dos llamados. Era su hijo Hernán, que es periodista en un medio local y se enteró por Twitter de la aún confusa explosión.
– Hola má ¿Escuchaste la explosión?
– No, no sé de qué me hablás, hijo – respondió Argüelles, sin siquiera relacionarlo con la supuesta bomba de estruendo.
Al rato Hernán se fue enterando de las dimensiones de la tragedia gracias a sus colegas de radio, televisión y web que informaban de un edificio en llamas. Decían que había explotado una caldera. Volvió a llamar a su madre.
– ¿Cómo no sabes nada todavía? Mirá todo lo que pasa acá.
– No sé nada hijo. Me voy para allá.
Antes que comience a averiguar, la llamó el comisario de la Seccional 3º para pedirle que se acercara con urgencia a Salta y Oroño.
-La llamada se cortaba, pero llegué a entender que hubo una explosión, y en seguida pedí el auto de la Fiscalía y me fui a hacer una inspección ocular con la doctora Carbone y el chofer-, cuenta Argüelles.
Camino a la zona cero, a la fiscal le llamaba la atención lo rápido que manejaba el chofer, y cómo pasaba uno a uno todos los semáforos en rojo. Llegaron a calle Catamarca, donde dejaron el auto y caminaron hasta el Boulevard. Allí los detuvieron unos rescatistas por peligro de derrumbe y de incendio. La escena era devastadora:
-Veía los dos edificios sin aberturas, quemados y oscuros. Una foto realmente de una guerra. Algo que nunca había visto en mi ciudad.
Entre improvisados rescatistas y vecinos atónitos se encontraba el periodista del diario La Capital, Claudio González, buscando información para publicar. Al ver a la fiscal, González se acercó para saber si tenía alguna novedad.
-Hola Claudio, me dicen que explotó la caldera –dijo la fiscal.
-No doctora, no fue la caldera –respondió González-. Estuve hablando con bomberos, con gente de Defensa Civil y con vecinos que habían salido diez minutos antes, y no hay caldera, fue una válvula de gas del edificio.
Luego la fiscal buscó al comisario de la Seccional 3°, y éste apareció entre los escombros, lleno de hollín en su uniforme.
-¿Hay algún fallecido? –preguntó Arguelles.
-Aún no sabemos, la tendré informada —dijo el hombre.
A continuación los rescatistas pidieron despejar el Boulevard, porque iban a llegar las autobombas.
La prosecretaria, la fiscal y el chofer se dirigieron hacia el estacionamiento del supermercado contiguo, desde donde veían “un fuego dantesco”. La doctora Carbone subió a la terraza por la escalera externa, y el panorama fue el de la posguerra en una ciudad que nunca había vivido una guerra.
Argüelles y Carbone volvieron a la Fiscalía porque no tenían una tarea específica en el lugar. Un par de horas después, la fiscal ordenó allanar las oficinas de Litoral Gas. El expediente fue presentado al juez Juan Carlos Curto el jueves 8 de agosto, dos días después de la tragedia, pidiendo pruebas para abrir una investigación a la empresa. En el expediente pidieron información sobre los gerentes de la compañía. El viernes, tres de los gerentes declararon durante cinco horas.
-Estamos reconstruyendo la cadena de acciones que llevaron a contratar al gasista Carlos García (principal imputado), y su accionar que desencadenó el estallido en el edificio. El caso es muy complejo, son muchos imputados, diferentes acciones, y yo tengo que ver todos los matices-, explica Argüelles.
4.
Esa mañana, poco después de regresar al despacho, Graciela Argüelles salió al aire en alguna radio local contando la poca información que tenía. No le gusta aparecer en los medios, pero con esta causa atendió a todos con palabras medidas. Lo sigue haciendo. Mientras da esta entrevista a Info341.com, Argüelles atiende varias veces el teléfono de su oficina.
La última vez que corta el llamado recuerda cómo ese martes le sonaban en simultáneo su celular personal y el de turno durante todo el día y los días subsiguientes.
-Unas horas después de regresar estaba en una capacitación en los Tribunales y me estallaron los dos teléfonos con cientos de llamadas perdidas, uno y otro, uno y otro-.
El ministro de la Corte Suprema de Santa Fe, Daniel Erbetta, observó sorprendido la insistencia de los aparatos de Argüelles, y le ofreció ingresar a su despacho para atenderlos tranquila.
Desde entonces, Argüelles trabaja en la causa de la explosión todos los días desde las seis de la mañana. Luego va al juzgado y sigue –con esa y otras de las dos mil causas que lleva adelante- hasta entrada la noche.
La funcionaria habla en el mismo tono con el que les hablaba a las víctimas y a los medios en esos primeros días: con cierta empatía. Esa empatía se observó cuando se cumplían dos meses de la explosión, y los vecinos de calle Salta se enteraron del apartamiento del segundo juez de la causa, y fueron a golpear literalmente las puertas de los Tribunales Provinciales.
-Los vecinos de calle Salta hablaban desde el dolor, pero el cambio de jueces es algo usual en los procesos penales, -dice la fiscal.
Y hay otra cosa que no dice: lo más importante es que quien investiga la causa para sentar a los responsables en el banquillo, sigue siendo ella.
Es que junto a la fiscal, desde el minuto uno tras la explosión, fue designado el juez Juan Carlos Curto. Trabajó las primeras dos semanas en medidas importantes, como cautelar toda la prueba y tomar rápido testimoniales y declaraciones, pero luego declaró su incompetencia en el tema.
Lo reemplazó el juez Javier Beltramone, quien continuó avanzando durante un mes y medio. Pero luego los representantes legales de Litoral Gas y de la administración del edificio lo recusaron por supuesta imprudencia en hacer declaraciones públicas, y la Sala IV de la Cámara Penal de Rosario les hizo lugar.
Ahora Argüelles asegura que con la jueza Irma Bilotta, quien se mantiene imparcial y hace lugar a todas las partes, la causa está avanzando.
5.
Durante la semana posterior a la explosión, cuando la fiscal llegaba a su casa, su familia le consultaba las novedades.
-¿Se sabe si hay víctimas?
– Ya son como cinco o seis.
Pero en los medios sólo se nombraba a dos porque antes de declarar oficialmente sobre cada fallecido, se esperaba el previo reconocimiento de sus allegados. A la familia Funes Argüelles (como a muchas familias rosarinas) la explosión le tocaba de cerca porque conocían a una joven odontóloga llamada Luisina Contribunale, que vivía en el edificio de la explosión. La hija de la fiscal era amiga de su hermana, y ambas familias se conocían del club rosarino Plaza Jewell.
Contribunale fue parte de una hipótesis de la fiscal, a partir de las primeras declaraciones del portero del edificio, Pedro Flores. Él estaba ese martes temprano a la mañana junto al gasista García, cerrando una por una las llaves de paso del gas de cada departamento para cambiar el regulador, porque el gasista no tenía permiso para cerrar la llave del servicio general del edificio (que se encuentra en la entrada y es jurisdicción de Litoral Gas).
Cuando fueron al departamento de Contribunale, observaron que por más que la llave de paso estaba cerrada, extrañamente la llama seguía prendida. El gasista le pidió al portero y a Luisina que siguieran vigilando la llama, para ver por qué seguía prendido el calefón, mientras él bajaba a mirar la válvula. Cuando el gasista bajó, el portero empezó a escuchar un zumbido y un olor a gas insoportable, y bajó corriendo por las escaleras.
-El gasista comenzó a mover el regulador para cambiarlo, ahí se le cae toda la estantería, y comienza la fuga del gas hacia la calle con una presión terrible-, relata la funcionaria. Contribunale fue a buscar a su vecino de al lado, Santiago Laguía, llamó a su marido y le contó de la fuga de gas, y luego ambos –Laguía y Contribunale- tomaron el ascensor. Fueron los últimos vecinos en ser encontrados sin vida.
6.
Todos los rosarinos conocían a alguien o escucharon historias de los vecinos de calle Salta. Es una causa única en la ciudad, por la proximidad, por su dimensión funesta, y por sus múltiples responsables.
-La causa está avanzando –dice la fiscal-, se están recibiendo declaraciones indagatorias y pidiendo pruebas en el deslinde de la cadena de negligencias. Todos los días subiendo un escaloncito más. Así podremos acusar y después realizar el juicio-.
Con la Navidad llegaron los peritajes sobre la válvula de gas. Éstos serán evaluados por la jueza, y mientras la causa va tomando rumbo en febrero, se toman declaraciones testimoniales y se cierra la etapa de la instrucción, para comenzar con la resolución procesal de los once imputados.
El expediente 970/13, caratulado como “estrago culposo agravado por muertes”, ya posee 13 cuerpos de 200 fojas cada uno, unas 2600 hojas que se engrosan con el correr de las horas. La causa se puede estancar o demorar por planteos de los defensores, pero Argüelles y la jueza, trabajan en conjunto con estrategias para que los defensores no tengan resquicio en poner trabas como la recusación del segundo juez.
Por los Tribunales Provinciales desfilan desde hace seis meses, los dos gasistas anteriores a García y sus ayudantes, miembros de la empresa administradora Calvillo, y empresarios jerárquicos, gerentes, inspectores y operarios de Litoral Gas. A todos ellos se suman ahora más de veinte querellantes, todos familiares y vecinos de calle Salta.
Y en el despacho de la Fiscalía Nº 11 se congregan el procurador general provincial Jorge Barraguirre, el fiscal de Cámara Guillermo Camporini y los asesores de la jueza. Todos ellos trabajan en sintonía con la fiscal provincial de Primera Instancia de Distrito, quien va componiendo la melodía en una afinada relación con la jueza y con la sociedad.