¿A vos te cuida la policía?

El título de esta columna nada tiene que ver con la frase que se entrevera en muchas canciones de cancha desde hace años. Lejos está de encuadrarse en el tradicional folclore. Muy por el contrario, resulta imperioso poner bajo la lupa a un actor fundamental a nivel deportivo y social, que muchas veces pasa de inadvertido: La Policía.

 

En teoría, si todo transitara por los carriles normales, las fuerzas de seguridad deberían ser las encargadas de velar por la tranquilidad de todos los asistentes a las canchas: hinchas, periodistas, empleados y demás. Sin embargo, en los últimos años, parece que los asistentes deben cuidarse más de la policía que de la hinchada contraria.

 

Lejos del afán de justificar a los barras o hinchas violentos, que gozan de la connivencia y complicidad dirigencial, en el fútbol argentino las fuerzas de seguridad se comportan de manera violenta, represiva y artera sin distinción de ciudades o provincias. Sin diferencia de camisetas. Y los hechos se agravan con el correr de los años.

 

En el fútbol argentino, donde es moneda que corriente que paguen justos por pecadores, al único que se castiga es al hincha. Mientras los barras no van presos, los simpatizantes comunes de Central –entre otros- reciben la prohibición de viajar fuera de Rosario. Pero muy pocas veces se decide investigar a las dirigencias por sus pésimas administraciones. O a la policía por sus indefendibles operativos.

 

Así nos hemos encontrado, en los últimos meses, con la salvaje represión de los uniformados rosarinos en el “Coloso” contra los simpatizantes de Belgrano de Córdoba. O el accionar indiscriminado de la policía de La Plata con los de Newell´s. Y ni que hablar del peor de los episodios: el robo, agresión y comportamiento casi al borde de la tortura llevado a cabo por las fuerzas de seguridad misioneras a los hinchas canallas en el suspendido cotejo con Crucero del Norte.

 

En definitiva, estos meros ejemplos son sólo algunos que grafican la impunidad de la que goza la policía a nivel nacional, a la que nadie cuestiona por su desidia, equivocaciones en los operativos y la violencia que muchas veces emplea, en el marco de un panorama que ningún dirigente del fútbol rosarino o argentino jamás ha tomado seriamente como para contrarrestarlo.

 

Es sabido que un partido de fútbol nunca es sencillo de controlar, que en nuestra sociedad reinan altos niveles de violencia y que los hinchas no suelen comportarse de la mejor manera en los estadios. Pero más complicado resulta todo si quienes deben garantizar la seguridad son, muchas veces, generadores o partícipes necesarios de la violencia. ¿A vos te cuida la policía? A mí, particularmente, siento que muchas veces no.

 

 

(*) El autor es periodista deportivo. La columna fue publicada en el site ahoradeportes.com
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