Este miércoles por la tarde el Espacio Cultural Universitario rebalsó de visitantes para presenciar la entrega de la distinción como Doctora Honoris Causa a la abuela de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto.
Acompañada por el rector saliente de la Universidad Nacional de Rosario, Darío Maiorana, y el decano de la Facultad de Humanidades y Artes, José Goity, Estela subió al escenario emocionada frente a la multitud.
Durante el evento la Abuela de Plaza de Mayo, luego de un aplauso prolongado agradeció a los presentes y a “quienes organizaron este acto para distinguir este trabajo que no es mío sino de las Abuelas en su conjunto, y yo diría de la sociedad argentina también”.
Tras recibir los elogios del decano de Humanidades y del rector de la UNR, reconoció: “Me da un poco de pudor, de vergüenza tantas alabanzas. Si fuera una adolescente diría ‘yo no me la creo’. Pero gustan, hacen bien, esos mimos me ayudan a seguir”.
Su discurso previo a ser distinguida comenzó con la expresión de que “a veces se enojan muchos cuando digo que soy una mujer común, pero esto significa que hago lo que quiero, lo que debo, lo que siento. No es que un día me iluminé y salí con un grupo de amigas a formar un club, sino que hubo una fecha que nos marcó a todo el país, el 24 de marzo de 1976, en que comienza la última dictadura argentina”.
Agradecida por la entrega del Honoris Causa, que significa que tiene el honor de ser docente de la Universidad por eleccion de la misma, en vez de bajo concurso de cargos, reflexonó: “Hoy estoy en un claustro de estudio y de formación de jóvenes. Y no puedo dejar de darle algo muy significativo para este acto: cuánto tenemos que pensar en nuestra juventud de hoy, que es maravillosa, aunque otros digan lo contrario. Es una juventud activa, comprometida, desinteresada, para saber qué pueden hacer cuando escuchan estas historias”.
Sobre el trabajo formador de la UNR prosiguió: “Acá se los forma en el camino vocacional, pero también como ser humanos, por eso que con este acto, esta amistad ciudadana quiero que los jóvenes vean que en Argentina es posible vivir en paz a pesar de las diferencias”.
A continuación recordó sus visitas a la ciudad: “Esta oportunidad que me dan de estar acá, mirarlos, conocerlos, después de tantas veces que vine a la ciudad, me resulta inevitable recordar a la abuela Darwinia Gallicchio –y sonaron aplausos vivos-, una luchadora que se enfrentó a la incomprensión de la justicia. Y su nieta Jimena hoy trabaja con nosotros, así que la sentimos cerca”.
En esta ciudad, Estela de Carlotto recordó que ha recorrido tantos espacios de memoria, “escabrosos algunos, esas mazmorras donde tenían los prisioneros”, en la actual Sede de Gobierno provincial. “Velorios, encuentros, ese espacio donde Abuelas está trabajando con la compañía de esos rosarinos solidarios, junto a Sabrina, que está buscando a su mellizo, y hay que encontrarlo”, enfatizó, seguida de un fuerte aplauso.
Luego miró hacia el auditorio, y destacó: “Veo acá al obispo Federico Pagura, que nos tendió su mano y su consejo equilibrado. Esa iglesia cambió en ese momento en nuestro país, porque hubo complicidad, pero también hubo heroísmo en unos pocos obispos que dieron la vida como Angeleli”.
Más temprano el rector Maiorana indicó que la abuela iba a ser postulada nuevamente para el Premio Nobel de la Paz, a lo cual ella respondió: “Esta lucha nos dio 116 premios Nobel. Hemos resuelto 116 casos de esta búsqueda de 38 años que ya llevamos, y faltan muchos más. Y hablando de Premio Nobel, yo tengo el mío propio. Mi premio nobel que es mi nieto Guido que fue encontrado, nos encontramos el 5 de agosto del año pasado. Qué mejor premio puede una querer”.
Luego reflexionó sobre su historia personal, tras haber recuperado a su nieto, Ignacio Guido Hurban Carlotto: “Cuando cumplí 80 años me cayó una ficha de la mediatez de la vida, y como creyente que soy empecé a rogarle a dios ‘no moririme sin abrazarlo’. Y dios me escuchó, y también me escuchó el pueblo, y entre ellos, el nieto. Eso muestra que hay que tener fe, confianza en uno mismo primero, y en el otro después. Hay que tener paciencia, que aunque se tarde más, la reparación, el Nobel, llega”.
Pero a ese deseo cumplido, Carlotto contó a la audiencia que ahora le agregó dos más: “Como me cumplió, puede cumplirme dos deseos más: que me deje vivir bastante para seguirlo abrazando a mi nieto, y que los regazos vacíos de mis compañeras de la cotidianeidad tengan lo antes posible la posibilidad de abrazar a ese nieto tan buscado”.
Sobre el trabajo de las Abuelas analizó que “es extraño, casi milagroso que un grupo de compañeras que no nos conocíamos que tenemos culturas, ideologías, religiones diferentes, sigamos hasta hoy unidas en una lucha por el amor a nuestros hijos que no tiene fin, solo cuando se termina nuestra vida terrena”. Y aseguró que van a seguir porque “falta mucho, porque faltan encontrar a los adultos, y centenares de nietos”.
A continuación, el rector Maiorana y el decano de Humanidades y Artes, autor del proyecto de declaraciòn del Honoris Causa, le otorgaron el diploma junto a una medalla.

