Los miembros de la ONG Rosario en Bici sugirió lentificar los tramos de calles que tengan ciclovías ó que prohíba estacionar.
A poco de comenzar a emplazar los nuevos 20 kilómetros de bicisendas por las calles rosarinas, los concejales Roberto Sukerman y Fernanda Gigliani repararon en que los carriles que se están pintando sobre el asfalto son demasiado angostos y no coinciden con la normativa internacional en seguridad vial. Por eso piden que el municipio revise el asunto, y Sukerman hasta exigió que dicha obra se frene.
Ante la polémica generada entre el Ejecutivo y los concejales, los ciclistas dijeron que “no se puede dar marcha atrás con el proyecto, pero se puede limitar la velocidad máxima en el área central a 30 kilómetros horarios, controlarla y hacerla respetar”.
El representante de la entidad Gonzalo González Mora tildó de “irresponsable” la posibilidad de frenar las obras, “porque las ciclovías están a medias y los ciclistas están expuestos. Incluso, hoy las ciclovías están desconectadas entre sí”.
La solución esgrimida por González Mora sugirió al municipio es “primero terminar los 20 kilómetros nuevos”, y luego evaluar de quitar el estacionamiento medido en las ciclovías del centro o bajar la velocidad: “La idea es que el Ente de la Movilidad y la Secretaría de Control deberían bajar la velocidad máxima a 30 km/h y controlar que se respeten, porque eso es lo que evitaría accidentes de tránsito”.
Detalló que ésto es lo que hacen en muchas ciudades del mundo como Amsterdam, pero “en Rosario no se cumplen las normas internacionales”, como había indicado la edila Fernanda Gigliani.
El concejal Sukerman por su parte había pedido que se detengan las obras de las ciclovías del centro, por observar que se están demarcando en “arterias de mucha circulación vehicular, tanto de transporte particular como transporte público”, lo que puede desembocar en “accidentes fatales”.