Desde la Universidad, por un campo y una ciudad para vivir

Un productor agropecuario de Casilda cuenta que no siembra soja. En cambio, cría chanchos y aves, y produce frutas y verduras sin agroquímicos. Y, sorpresa, le va “bien” económicamente.

Suena casi a herejía en tiempos de auge de cultivos transgénicos, vacío de políticas públicas que intenten, siquiera, contener su avance, y discursos que tildan de irresponsables a quienes cuestionan el modelo Monsanto (o Syngenta o Dupont) por sus “efectos colaterales” sobre salud, ambiente y futuro. El relato del casildense ocurrió hace dos semanas, y fue posible escucharlo en el VII Foro de la Cátedra Observatorio del Sur-Fodepal, singular experiencia que desde la Universidad Nacional de Rosario (UNR) se propone dar las pautas, desde la academia y el terreno, para una ruralidad sustentable y que no expulse población hacia la marginalidad urbana.

La Cátedra Libre Observatorio del Sur-Fodepal es pionera en América latina gracias al concurso internacional que el proyecto ganó en 2005. Ya cumplió siete años, y es transversal a los compartimentos institucionales de la UNR: a ella aportan las facultades de Ciencias Veterinarias; Ciencia Política y Relaciones Internacionales; Ciencias Económicas y Ciencias Médicas, a las que se espera volver a sumar la de Agrarias. Pero además, y allí radica su fortaleza, vincula los conocimientos e investigaciones académicas con los saberes y experiencias de otros actores: organizaciones y movimientos sociales o de productores, además de organismos estatales de la Municipalidad, la provincia y la Nación como la Secretaría de la Producción rosarina, el Ministerio homólogo de Santa Fe y el Inta. Las propuestas que fundamentan el proyecto colocan explícitamente en entredicho al esquema de producción agraria hegemónico en el país y particularmente la provincia. Un modelo que se propaga al compás de los altos ingresos que le genera al Estado –vía retenciones– y las extraordinarias rentas que le aporta a un número relativamente pequeño de productores agrarios, propietarios-rentistas de campos y grandes corporaciones multinacionales. La Cátedra se propone ampliar la mirada y apunta a la fragilidad que muestra el sistema de producción vigente si lo que importa son los intereses del conjunto social y de las generaciones futuras. Esto lo hace con el eje en la seguridad y soberanía alimentarias (uso de agroquímicos y salud, monocultivo y biodiversidad), desarrollo rural (los cultivos transgénicos expulsan población hacia las ciudades), gestión sostenible de los recursos naturales (agotamiento de suelos, contaminación) y el comercio agrícola internacional, atravesado por la especulación financiera y la alta volatilidad de sus precios. El desafío es mostrar que otro camino, apoyado en la historia rural local pero también en los adelantos tecnológicos, no solo es posible sino más conveniente para el país. En este contexto, el cronograma incluye cada año un Foro de intercambio como el realizado hace dos semanas.

“Estamos fortalecidos en la relación con otros actores, como productores y movimientos sociales, lo que nos da una encarnadura en el terreno. Estuvo con nosotros un productor de Casilda que trabaja sin agroquímicos, no produce soja sino pollos, verduras, lechones, frutas, hortalizas. Vive en el campo y le va bien. Trabaja con otros en agricultura familiar y nosotros lo apoyamos en el aspecto de comercialización, por ejemplo. Y también ya hay estudiantes involucrados en esto”, señala Eduardo Spiaggi, director de la Cátedra Fodepal e integrante del Centro de Estudios Ambientales de la Facultad de Ciencias Veterinarias.

“Que estos temas se estén planteando dentro de la Universidad ya es un avance. Hay varias cátedras similares que están funcionando en el país”, se explaya Spiaggi, quien junto a Cristina Díaz es uno de los alma máter de la Cátedra. La iniciativa nace de un proyecto de Naciones Unidas a través de su programa de agricultura y alimentación, FAO, cuenta con financiamiento de la Agencia Española de Cooperación Internacional y acompañamiento académico de la Universidad Politécnica de Madrid.

Transiciones

Si nunca debieron pensarse campo y ciudad como paisajes relativamente aislados, desde hace tiempo, con sólo estar atento a la crónica periodística, esa dualidad se desnuda insostenible. Las conexiones abundan: denuncias por fumigaciones al borde de los pueblos o en zonas periurbanas de grandes conglomerados, impermeabilización de suelos por la extensión de las explotaciones agrícolas o la proliferación de emprendimientos inmobiliarios privados con su consecuente saga de inundaciones, más una industria “del ladrillo” que atesta las ciudades no para cobijar ciudadanos sin vivienda propia sino para captar extraordinarias rentabilidades sojeras.

“Con la restricción de agroquímicos no alcanza. Hay que planificar el crecimiento de los pueblos y las ciudades. No se pueden permitir la construcción de countries en todos lados, como pasó en la cuenca del arroyo Ludueña con las consecuencias de impermeabilización de suelos y desborde del canal Ibarlucea. Es difícil, pero hay que definir dónde se puede construir y dónde no, y cómo y qué producir”, sintetiza Spiaggi un extenso problema al que apunta la Cátedra aún haciendo eje en una ruralidad sustentable.

Crecimiento

El foro anual que se realizó el 15 de noviembre pasado en la sede de Gobierno de la UNR sirvió también para cerrar acuerdos y vínculos con iniciativas similares. “Vinieron representantes de la cátedra libre de Soberanía Alimentaria de la Universidad Nacional del Comahue y de su par de la Universidad Nacional de Buenos Aires, que va a participar activamente a partir del año que viene en las actividades de Rosario”, explica Spiaggi. Y hay más actividades prontas a iniciarse, sigue: “Vamos a organizar un curso con el gremio (de profesores universitarios) Coad para dar formación a los docentes de la Universidad, estamos articulando cursos y proyectos”.

Del último foro participaron movimientos como Paren de Fumigar, Giros y Los Verdes, más vecinos autoconvocados de Carcarañá y el municipio de Zavalla –ejemplo de legislación sobre fitosanitarios–, además de investigadores y estudiantes de la UNR y sus pares del Comahue y la UBA.

 

 

Fuente: El Ciudadano / Por Claudio de Moya
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