El texto que escribió Manuel Belgrano en su viaje de Buenos Aires a Rosario en los días previos a la creación de la Bandera pasó a formar parte de la colección permanente del Museo para la Democracia Internacional que abrirá sus puertas en septiembre de 2015.
“El pueblo no tiene casas ni galpones para colocar la gente” escribió Manuel Belgrano de puño y letra el 7 de febrero de 1812 en su diario tras llegar a Rosario. Días después enarbolaría la Bandera Argentina por primera vez en nuestra ciudad.
Este documento en el que Belgrano, que con una cuidada caligrafía y la yerga de la época da cuenta con gran detalle de las peripecias de la marcha, formó parte -hasta ahora- de la colección de objetos y documentos históricos de Antonio Carrizo.
Hoy, de la mano del empresario Guillermo Whpei, vuelve a Rosario para formar parte de las colecciones del Museo para la Democracia Internacional, un proyecto de Fundación Estudios Litoral Argentino, que abrirá sus puertas el 15 de septiembre de 2015.
Las ocho carillas cubiertas de fina y menuda letra dan cuenta del viaje que las dieciséis carretas hicieron uniendo Buenos Aires con Rosario, en 15 jornadas consecutivas. El contenido relata con enorme grado de detalle los avatares del trayecto, las atenciones recibidas en cada poblado que fueron atravesando las 10 Compañías del Regimiento.
Guillermo Whpei, presidente de Fundación Estudios Litoral Argentino comentó sobre el preciado objeto: “Es un orgullo para nosotros haber podido recuperar este documento porque consideramos que pertenece a la historia de nuestra ciudad. Es una pieza única y rica, no sólo porque da cuenta de las circunstancias que rodearon a la creación de la Bandera, sino que contiene una detallada descripción del paisaje que a su paso se le fue revelando a Belgrano en el avance, expresados desde la mirada estratégica de un avezado analista”.
Cuando el Museo para la Democracia Internacional abra sus puertas en septiembre del año próximo, ésta y otras tantas piezas que integran la colección, estarán al alcance de los rosarinos en el subsuelo del Palacio Fuentes, que será la sede del museo, recuperando parte de la historia de la ciudad.
En esta pieza, Belgrano cuenta cómo emprendió este trayecto con compañías compuestas por orilleros o compadritos de arrabal, cuyas características de poca tolerancia a cualquier tipo de privación, hizo mella en el estado de la tropa ni bien comenzado el viaje. La sequía, el calor, la escasez de agua y el terreno –que si bien llano, estaba plagado de espinares- comenzó a reflejarse en la salud de la tropa, de tan poca resistencia a esta clase de penurias.
El 7 de febrero Belgrano escribió: “A la una y media de la mañana se tocó generala y marchamos por caminos y campos muy llanos, sin dificultad alguna, y con poco trabajo que se hizo en la barranca de salida de una cañada que han formado las aguas de lluvia y llaman Saladillo, pasaron muy bien las Carretas, y hallándonos a distancia del Rosario (según comentario de la Academia Nacional de la Historia, Rosario en ese entonces no pasaba de ser un villorio ubicado sobre la margen derecha del Paraná) de cerca de una legua se formó la tropa, sacaron las banderas, y con todo orden seguimos hasta ese Pueblo, cuyo Comandante Capitán Moreno (por Pedro Moreno) y el Alcalde con otros vecinos salieron a recibirnos”.
“Esa es la Rosario que Belgrano encontró al fin de su viaje. Esa es la Rosario donde enarboló por primera vez la Bandera Argentina. Esa es nuestra ciudad, con una idiosincrasia marcada y propia, solidaria en la crisis y crítica en su pensamiento”, reflexiona Whpei.