“Antes que prescribir y aconsejar políticas hay que definir el problema. No basta con decir que el 50 % de los chicos no terminan los estudios secundarios. Es preciso encontrar una explicación razonable de este fenómeno. Los factores que producen estos resultados indeseables son varios y actúan en forma combinada y sistemática. Por una parte, hay que reconocer que el secundario fue diseñado no para escolarizar a todos, sino a una minoría, los hijos de las clases altas y medias de los centros urbanos. A principios de los años 60 sólo el 15 o 20% de los adolescentes estaban escolarizados. Hoy van al colegio el 80 % de los chicos de 13 a 17 años. El problema es que, lo que era “bueno” para el 15% (y para la sociedad de la época) no lo es para el 80 % de hoy. Si el secundario de hoy debe ser “para todos”, cambia de naturaleza. Desde el punto de vista sociológico es como una extensión de la escuela primaria. Al finalizar el secundario todos los alumnos deberían dominar una serie de competencias y conocimientos básicos, más relacionados con la vida (resolución de problemas) que con los contenidos de las disciplinas. Es aquí donde comienza el debate. Para algunos, este objetivo de garantizar conocimientos básicos significa una “caída del nivel” y un relajamiento de “la exigencia”. Esta crítica proviene en general de aquellos grupos sociales que están en condiciones de programar una escolarización larga para sus hijos (hasta el postgrado). Pero aquellos que no están en condiciones objetivas de hacer esta inversión pretenden que el secundario sirva “para ser alguien en la vida”… esto es, que les sirva “para ganarse la vida”. Esta es la única manera de lograr que muchos chicos y chicas que, por primera vez llegan al nivel medio, encuentren un sentido al esfuerzo que tienen que hacer.
El programa del nuevo secundario no debe perderse en el bosque de los contenidos curriculares. Es necesario ser claro y preciso con los objetivos de aprendizaje. Hay que definir prioridades. Estas tienen que ver con el desarrollo de las capacidades expresivas: oral, escrita, en el idioma nacional y por lo menos un idioma extranjero; con el cálculo, con cierto manejo de las tecnologías de la información y la comunicación, los derechos y deberes ciudadanos, el cuidado de la vida y el medio ambiente, el conocimiento del campo político y cultural contemporáneo, etcétera. Es preciso concentrar el trabajo de enseñanza/aprendizaje en campos problemáticos como los arriba citados. Claro que esto es relativamente fácil de decir, pero difícil de implementar, pues cuando se habla del curriculum se habla de intereses, puestos de trabajo, etcétera que afectan a miles de profesionales de la educación. Por lo tanto, es preciso ser prudente en estas cuestiones y no caer en las ilusiones tecnocráticas a las que son tan propensos los especialistas y expertos de la educación”.
(*) consultor Unesco e IIPE/UNicef para America Latina.
Punto de vista en relación a la nota sobre que La mitad de los estudiantes argentinos no termina el secundario