La educación en la era de las TIC´s

En nuestro días, en algunas escuelas, y a pesar de las nuevas lecturas, sigue habiendo docentes que tratan al alumno como un mero espectador. Todo sigue girando alrededor de un profesor que monopoliza y acapara el espectáculo mediante lecciones magistrales donde recita datos e información y trata de medir el conocimiento de sus alumnos a través de exámenes rígidos.

 

Los alumnos se limitan a escuchar callados durante horas, tratar de no aburrirse, memorizar lo necesario para aprobar y continuar avanzando. En otros casos, aún peores, se les solicita trabajos “grupales”, realizado por uno o dos alumnos, que consisten en resumir el texto aún no explicado. Pensar que esta labor del profesor es enseñar y esta actividad de alumno es aprender, es una ilusión. Fabricamos meros asistentes, casi nunca protagonistas. Al cabo de pocos meses, los alumnos han olvidado casi todo lo “aprendido” y lo poco que recuerdan son incapaces de encontrarle aplicación práctica. Quién no recuerda, en su historia personal, largas lecciones de historia sobre Napoleón o El Concilio de Trento sin poder interrelacionar con un antes y un después.

 

El aprendizaje, a pesar de algunos profesores, es un proceso activo, de construcción de conocimiento y no un proceso pasivo de acumulación de información. Un estudiante, con un buen proyecto educativo mediante, jamás podría desempeñarse como espectador sino como protagonista.

 

Hace ya tiempo que es muy común escuchar que también se puede aprender interactivamente, a distancia. Pareciera ser la solución perfecta para muchos problemas del mundo de hoy. No podemos negar que Internet es el primer medio que permite que todos se comuniquen con todos con un nivel de interactividad e inmediatez desconocido y que ha favorecido la distribución y el acceso de la información. La educación viene a nosotros.

 

Ahora bien, la computadora, el e- mail, la televisión no son ni buenos ni malos en sí mismos. No son un sustituto ni una amenaza, en todo caso un complemento. Lo grave es que el problema continúa siendo el mismo. La versión on line se limita a virtualizar lo presencial. El alumno sigue siendo el mismo espectador que era antes y además ahora está solo, con un artefacto tecnológico por medio. Si bien no podemos negar que la tecnología es un gran acelerador de procesos, sólo es válida cuando funciona adecuadamente. Lo que ocurre es que añadir tecnología a un modelo deficiente no sólo no lo mejora sino que lo empeora y de ahí que los resultados que se obtengan puedan ser pobres o decepcionantes teniendo en cuenta el maravilloso panorama que se había pronosticado. Si el paradigma sigue siendo el mismo, es un fraude pensar que esta combinación es la solución.

 

Hoy seguimos perpetuando los mismos vicios, para continuar haciendo lo que ya se estaba haciendo, en definitiva, para no tener que replantear las cosas de nuevo. Tenemos que lograr que el aprendizaje sea un proceso del alumno, se aprende haciendo, cometiendo errores, reflexionando y rectificando casi siempre con ayuda de alguien más experto.

 

No seamos tan ingenuos como para pensar que seremos capaces de cambiar a las personas por el mero hecho de sentarlos en un aula y explicarles como son las cosas porque lo lean en una pantalla y respondan a un examen tipo test. Lo que debemos tener claro es cuáles son las estrategias que el docente planificará en función de ese grupo en esa institución: qué tecnologías y recursos podemos emplear (audio, video), qué parte de la clase debe ser presencial y qué parte virtual y dónde situamos actividades individuales y actividades en grupo, por ejemplo.

 

Muchos autores, como Paulo Freire, entre otros, lo explican muy bien: la educación no es un asunto de narrar y escuchar, de transferencia de educación sino que consiste en actos de cognición. El profesor deja de ser quien enseña para ser él mismo enseñado en el diálogo con los alumnos, haciéndole comprender que el verdadero aprendizaje está no sólo en la aplicación del saber, sino también en la producción del mismo. Este proceso activo de construcción, es un principio tan aceptado en la teoría como violado en la práctica. Por tanto, es imprescindible plantear en la escuela proyectos reales y basados en objetivos que les interesen a los chicos, apoyados en la idea que no hay respuestas universales, lo que me sirve a mí en esta escuela, puede no serle útil a otro docente en otra. Que esto ocurra en un aula o en la virtualidad no tiene especial relevancia.

 

 

(*) Carina Cabo es doctoranda y profesora en Ciencias de la Educación.
Profesora en Filosofía, Psicología y Pedagogía.
Diplomada y especialista en Gestión Educativa.
Asidua colaboradora en Info341.com
+info www.carinacabo.com.ar

 

Total
0
Shares
Noticas Relacionadas