Uno de cada dos alumnos que comienza el secundario no termina ese ciclo, y sólo el 43% finaliza en el plazo establecido, consignan los datos difundidos por Proyecto Educar 2050 y que varios diarios ampliaron.
Los datos, difundidos por la asociación civil argentina Proyecto Educar 2050, en base al informe de la Unesco “Global Education Digest” de 2010, indican que ese período de la educación es el estadio más problemático para poder completar la formación integral de estudiantes argentinos.
En los números, nuestro país se ubica detrás de Perú y de Chile, con un 70% de alumnos que completan sus estudios secundarios; y detrás también de Colombia (64%); de Bolivia, (57%); de Paraguay (50%), y de Ecuador (48%), según los datos relevados por el informe.
Según esta ONG, que desde 2007 releva de forma pormenorizada y continua los diferentes índices estadísticos nacionales e internacionales en materia educativa, uno de cada dos estudiantes argentinos que inician el secundario no lo termina.
Los padres piden más conocimientos
Tienen muchas expectativas, pero son conscientes que las suyas van para un lado y que los objetivos del Ministerio de Educación, van por otro. Lamentan que sólo el 50% de los alumnos que cursan el secundario logren obtener su título, porque a esa edad, se lo toma como un fracaso. Critican con dureza el facilismo escolar (cada vez se exige menos) y el asistencialismo que sólo nivela para abajo ya que, según dicen, favorecen a quienes menos estudian y se esfuerzan.
Aseguran que, si bien hay docentes que estudian y se esfuerzan diariamente, la mayoría no fue capacitado para enseñar ni contener a alumnos, cuyas características e intereses no se ven reflejados en los programas de estudios, y que estos no responden a lo que la sociedad necesita.
Estas son algunas de las conclusiones a las que llegó un grupo de padres invitados por el diario La Gaceta de Tucumán para responder qué esperan de la escuela secundaria para sus hijos. Qué cosas les gustaría que sus hijos dominen al egresar. Participaron Gladys Salomón, con hijos en la Escuela Sarmiento y en el Instituto Privado Rivadavia de Alderetes. Orlando Luna, padre de una alumna que en 2013 ingresará al colegio parroquial San Vicente de Paul. Isabel Chávez, madre de dos hijos que asisten al Colegio Nacional y a la Escuela Técnica N° 2. Junto a ellos, el matrimonio formado por Silvia y Ricardo Gaete, con una hija en el Colegio Nueva Concepción.
Todos coinciden en un punto clave: no están de acuerdo en que a los chicos se les dé tantas facilidades para pasar de curso. “Con esa práctica se vuelven vagos e irresponsables”, dijeron, y reconocieron que la tarea educativa debe ser compartida entre padres y docentes.
En 2011 especialistas en e-learning (aprendizajes electrónicos) y gestión de contenidos, de Chile y de Argentina, hicieron una encuesta por e-mail a 700 personas de 13 países latinoamericanos. Les preguntaron qué cosas les gustaría que sus hijos sepan cuando terminen la secundaria. Lejos de lo que se podría imaginar, lo que la mayoría espera no figura en los planes de estudios. El 36,7% de los encuestados respondió que esperan que al egresar sus hijos sean capaces de trabajar en equipo, entablar relaciones positivas y compartir. El 26,4%: que reciba conocimientos de algún idioma extranjero. Y el 23,5% aspira a que tengan alta autoestima, confianza y seguridad en sí mismos.
Los padres tucumanos fueron concluyentes: “esas cosas, salvo idiomas, los chicos lo aprenden en sus casas”. “La escuela debe impartir conocimientos que les sirva para empezar una carrera superior, o para desempeñarse en algún oficio o actividad laboral”, dijo Gladys . “Me gustaría que mis hijos reciban conocimientos, y que esos conocimientos ayuden a que sean mejores ciudadanos, responsables, y que tengan la libertad para elegir y expresarse, que la escuela le abra las mentes para ser libres”, opinó. “Una vez egresados son muy pocos los que tienen salida laboral, vaya a una Técnica o a un bachiller, y eso nos preocupa como padres”, añadió Isabel, quien opinó que el sistema es perverso: “a algunos profesores no les importa si los chicos aprenden, dictan sus clases y se van, lo mismo cobran; a ellos los defienden los gremios, y a nuestros hijos ¿quién?”, se preguntó.
“Nos llena de impotencia la falta de control del Ministerio de Educación sobre lo que se enseña y cómo se enseña”, dijeron. “Cada vez que los padres exigimos garantías educativas, y si somos de un privado, nos dicen que nos vayamos a otro colegio; seguimos con una sistema tirano y discriminatorio”, dijeron los Gaete. “Quisiera que cuando mi hija termine la secundaria haya podido orientar sus intereses, logrado una formación mínima y adecuada para manejarse en este mundo”, replicó Luna, para quien es importante la religión en la formación.
Los padres reconocieron que muchos progenitores no se interesan por la educación de sus hijos y ni se llegan por la escuela. “La tarea de educar es compartida”, coincidieron, pero a la vez, se quejaron de la cantidad de horas libres: los profesores faltan demasiado, y el sistema los apaña”.
Miradas
En vez de materias se podría enseñar campos problemáticos relacionados con la vida
Por Emilio Tenti Fanfani (*)