Romina Mazzadi Arro propone producciones teatrales en formato de clínicas, mientras Damián Ciampechini incursiona en obras teatrales poco habituales con productores, profesionales de la comunicación y de la publicidad.
Ambos son directores, dramaturgos y anteriormente actores. Cada cual desde su experiencia y propuesta encara sus obras con la concepción de emprendimiento, para obtener obras de buena calidad estética y actoral, y un público genuino. Cada cual a través de divergentes caminos, viene realizando desde la apuesta a prueba y error, una nueva tendencia de ofrecer teatro al público rosarino.
A Mazzadi Arro acuden por año casi cien actores y estudiantes de actuación, buscando la experiencia de participar en obras que lleguen a públicos que no sean solamente sus allegados. Por su parte Ciampechini apuesta fuerte a innovar escenográficamente: el barco Ciudad de Rosario realizando su paseo por el Paraná, tres galpones del CEC, puestas en escena de una bóveda de un banco en plena sala Mateo Booz. Son algunos de los indicios de sus caminos al andar.
Con las clínicas de Arro ya se realizaron nueve obras en cinco años, una buena cantidad para activar la cartelera local, y eso activa al público natural. Algunas de las obras fueron Raspando la Cruz, Nacidos Vivos, Cabaret, Vertical, Martes Tut y Bésame Mucho, y se fueron presentando en diversas salas de la ciudad.
– ¿Por qué y cómo surgió la idea de realizar clínicas teatrales?
[Mazzadi Arro] Me recibí en la escuela de teatro provincial en 1999 en pedagogía, y actuaba también. En ese entonces observaba que los alumnos, luego de hacer su muestra final se quedaban con muchas ganas de producir, de actuar en obras y seguir creciendo con la experiencia. Entonces pensé que había que hacer algo de producción para responder a ese fenómeno donde sobraban las ganas y el talento. El requisito es que ya vengan con alguna experiencia previa en escenarios, aunque sea en talleres teatrales. Comenzamos hace cinco años.
Cada año trato de invitar a algún actor que venga con mucha experiencia para la interacción con el grupo. Mi propuesta de clínicas prácticas deviene en que mi carrera fue así, aprendí de la práctica y el error, es lo que sirve para crecer, y me parece que hay una linda respuesta tanto en el público como en los actores.
– ¿En qué consisten las clínicas?
Comienzan en marzo y ya en junio se comienza a ensayar. En diciembre suele hacerse un pre estreno para cerrar el año y tener un registro filmado, y ya el año siguiente la cantidad de obras dependerá de la recepción del público. Es un grupo que trabaja en dos etapas. La primera etapa de la clínica, se nivela y se conoce el grupo, y luego se comienza a ensayar para encontrar el enfoque del material a representar. Trato de usar textos que me parezcan idóneos según el grupo. Cuando realizamos Vertical el texto lo escribieron los mismos actores. El texto para mí es lo de menos, lo que importa es el trabajo del grupo.
No hay un casting para entrar en la clínica, se habla para conocer al actor, y para que no sea el primer proceso de actuación porque se pretende que ya tenga algo de experiencia en apertura, porque son muchos y es un trabajo grupal muy difícil cuando no se pasó por algo previo.
Se va realizando una o dos obras finales cada año, que se suelen presentar en diciembre o en marzo del año siguiente para continuar varios meses. En abril se estrena una nueva producción llamada “El juego de la silla”.
Cada obra de teatro es un resultado de los aportes que le da cada uno, es una paleta de colores que siempre va a salir distinto según el grupo. Es difícil a veces ponerse de acuerdo, y en es van creciendo los actores.
La exitosa Baby Jane
Por fuera de las obras producidas anualmente a través de las clínicas de producción, Mazzadi Arro trascendió en notoriedad en la cartelera local con su versión teatral de la película Baby Jane desde hace cuatro años. La película es de los años ’60, una relación conflictiva entre dos hermanas actrices en el ocaso de su éxito. “Toda la obra está pensada desde la habitación de Blanche, que es como el personaje “víctima”, buscando un encierro y un involucramiento con el personaje”, destaca la dramaturga. La sensación del espectador es realmente de vivir una película desde adentro. El grupo viene trabajando desde 1998, se llama Hijos de Roche. Por otro lado Mazzadi Arro participa en el movimiento Teatro en Rosario.
Emprender con inversores
Damian Ciampechini, además de dirigir obras, es coordinador de cultura en AMMA. Dirigió una variedad de obras teatrales entre las que se destaca la Trilogía Las Polacas, una obra realizada arriba del barco Ciudad de Rosario con más de cincuenta actores en escena. También dirigió Aquariam, con cien actores y tres escenarios paralelos, una obra codirigida y con varios tipos de actuación: teatro aéreo, kung fu, bandas musicales, danza contemporánea y actores.
En octubre pasado Ciampechini redobló la apuesta en lo que atañe a producción y lanzó Embovedados, obra escrita y dirigida por él, contando con un fotógrafo profesional, un diseñador del escenario y de cartelería, y una difusión a través de un agente de prensa.
– ¿Cómo se configura el proyecto de cada obra?
[Ciampechini] Lo primero que pienso en un proyecto es a qué público quiero dirigirme y con qué gancho logro que venga. Si es una obra infantil, qué chupetín le voy a prometer para convocar. Veo cada obra como un emprendimiento, una micro empresa. Investigo mucho en la puesta en escena, busco innovar en el estilo, con alternativas novedosas para los espectadores. Cuando tengo el proyecto pensado de una obra lo primero que busco es un productor que invierta, no encuentro otra forma de llevarlo a cabo. Después cuando tengo el apoyo se comienza a trabajar en la búsqueda de actores y la producción general. El producto final está terminado para cuando lo pronostiqué, cumplo los tiempos estimados.
En cada proyecto aunque tenga productor, trabajo de manera cooperativa. Hay una inversión de capital equitativa, donde a veces más a veces menos, hay riesgos económicos. Todos invierten una cantidad de dinero, y se registra como cooperativa registrada en la Sociedad Argentina de Actores.
Creo que hay un discurso errado en dividir teatro comercial de no comercial, porque se venden entradas, aunque sean a precio muy accesibles. Lo que hay que diferenciar es cuándo el comercio es la única finalidad de cuándo no lo es.
– ¿En qué innovó tu ultimo proyecto en cartelera?
En Embovedados me entusiasma el tiempo real que se pone en juego. Desde que comienza la obra hay 90 minutos de aire en el argumento, y los actores están encerrados en la bóveda de un banco. Esa adrenalina del límite es algo que se busca en el público.
Según devoluciones del público, da la impresión de estar mirando una película, quizás porque la primera idea que tuve fue de hacer un cortometraje. Afortunadamente hubo buenas respuestas. Estrenamos hace un mes y ya nos pidieron los derechos para hacer la obra en Barcelona.
Considero que tuvimos un público genuino, que es el que viene a ver una obra por haber visto cartelería pública o un spot en la televisión, y eso es algo que no suele suceder porque no se invierte en la producción.