¡Salud a la democracia Argentina!

Se cumplen 30 años de aquel histórico 30 de Octubre. Nos encontramos a tres décadas de una jornada inolvidable que nos obliga a mirar el camino recorrido. Al hacer esa retrospección no dudo en afirmar que esa fecha significó decir basta al autoritarismo, al terrorismo de Estado y a la falta de libertad.

 

Recuerdo todavía mi bronca por no poder votar por ser menor de edad. Por unos pocos meses no pude participar con mi sufragio en aquella histórica elección. El entusiasmo generalizado era evidente, por ejemplo, en las larguísimas colas que se conformaban en el Colegio María Auxiliadora de la ciudad de Rosario.

 

Mi frustración se presentaba por la absoluta e incontrastable certeza de que ese voto, el mío, el tuyo, el de aquel, era decisivo y era la posibilidad esperada por años para cambiar. No podíamos dejar que lo peor del peronismo consagrara la IMPUNIDAD de los genocidas. Ítalo Luder encarnaba eso, la IMPUNIDAD.

 

Creíamos que un gobierno democrático y popular era incompatible con la injusticia y con lo intrínsecamente impune. Por suerte supimos elegir a Alfonsín que más tarde nos conmovió al impulsar los juicios a las Juntas y ni que hablar de la gran emoción del momento en el que se leían las sentencias.

 

Tampoco puedo olvidar que en esos días seguía con intensidad la publicación “Diario del Juicio”, unos fascículos que nuestro diariero traía cada semana. La sensación era que por fin alguien (Alfonsín) hizo e iba a seguir haciendo justicia sostenido por todos nosotros, el pueblo. Después vino Aldo Rico, horas de angustias, la plaza de Mayo, la Casa está en orden, el Punto Final y la Obediencia Debida.

 

También por esos días nos dimos cuenta de que un buen tipo con ideología nacional, como era Bernardo Grinspun, no sería admitido por los poderosos del país y con su renuncia al cargo de Ministro de Economía se fue abandonando la política económica que se pregonaba.

 

Recorrimos el camino yendo de mal en peor. Apareció Menem (que no quiso decir lo que iba a hacer porque, en ese caso, nadie lo habría votado) y empezó a hacerse en plena democracia lo que antes solamente podía darse por la fuerza de las armas. Privatización y saqueo del Estado, lo que nos llevaba nuevamente a la IMPUNIDAD.

 

La era menemista terminó con un esperanzador triunfo de la Alianza (con una rápida desilusión más tarde) y nos dimos cuenta de que el menemismo era mucho más que la figura de un presidente. Los 90 eran ya una filosofía de pensar y hacer las cosas donde todo se podía sin importar las instituciones, ni las formas, ni la ética y se trataba de otro de los momentos donde se consagraba esa IMPUNIDAD, vergonzante e indignante. También nos dimos cuenta de que los de siempre lograban que personajes nefastos como Cavallo sean Ministros de todos los gobiernos.

Luego sobrevino la hecatombe social, política y económica de aquel luctuoso diciembre de 2001. Duhalde intentó ser el piloto de tormentas de esa situación y demostró que la represión policial era una de sus principales recetas para acallar las protestas sociales. Símbolo de eso fueron las muertes de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán.

 

Después, Kirchner. Un desconocido que asumió la presidencia con el porcentaje de votos más bajo de la historia democrática en un contexto de descreimiento casi total de la población sobre los partidos políticos. Su discurso de asunción fue progresista. Sin embargo, en no mucho tiempo vimos la consolidación del TODO VALE que hizo famoso Don Julio, digno representante de las formas que lamentablemente se consagraron en estas tres décadas.

 

A pesar de lo sinuoso y de lo difícil del camino recorrido, hoy es un día para festejar. Seguimos teniendo esa hermosa herramienta que es la democracia. Indispensable para ser una República Federal, justa, donde la ética cotice en bolsa, y donde la trayectoria y la coherencia sean un valor a la hora de votar.

 

Tenemos mucho por hacer y, con la herramienta en mano, si no lo hacemos será por absoluta responsabilidad nuestra. Claro hay que tocar intereses, hay que combatir la pobreza y la riqueza extrema al mismo tiempo, hay que reconstruir la Justicia, hay que enfrentar a los poderosos del país que son hoy los mismos que condicionaron a Alfonsín.

Sería ingenuo pensar que los que estuvieron dispuestos a promover, apuntalar y sostener a los genocidas no están jugando bajo las reglas de la democracia e intentando con todo su poder posicionar a sus candidatos pretendiendo eternizar sus políticas.

 

Como bien dijo Alejandro Borensztein: “Sigo creyendo que con la verdadera democracia se come, se educa y se cura”. Ahora creo que no habrá democracia real sin participación ciudadana auténtica y responsable que audite a sus representantes y que fortalezca día a día nuestra democracia.

 

El mayor y mejor síntoma de que vivimos en una democracia real es que no se conviva con la IMPUNIDAD, es que no haya una justicia para los pobres y otra para los poderosos, que los controles no sean formalismos y que ganar una elección no signifique aplicar la prepotencia de los porcentajes.

 

Hoy los poderosos del país han logrado que nuestra democracia sea raquítica, sin fuerzas, condicionada, y logran, con esa democracia flaca, lo mismo que antes les garantizaba la dictadura.

 

Entonces, el mejor homenaje a aquel 30 de octubre es nutrir la democracia, robustecerla, invadirla de vecinos, apropiarse de ella, hacerla nuestra otra vez, sentirla, quererla y defenderla con nuestra participación. Sólo así llegaremos a los objetivos que creíamos alcanzar con el voto aquel lejano 30 de octubre. ¡Salud a la democracia Argentina!

 

 

(*) Fabián Peralta es diputado nacional por Santa Fe del Partido GEN-FPCyS.

 

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