En los diversos frentes que tiene el gobierno y el país en materia económica y de la vida común esta la inflación. Desde la década del 50 se instaló en el país, pero en aquel entonces era un tanto más incipiente y fue además muy bien manejada por el ministerio de economía o como se llamara, conducido por el Dr. Gómez Morales.
De todas maneras fue el principio porque muy rápidamente volvió, tuvo el primer golpe grande con Frondizi, y siguió su marcha de un 30 % anual en la década del 60 y 70. El resto es historia conocida, el rodrigazo, la hiperinflación de Alfonsín, la de Menem, la convertibilidad y el fin aparente en el 2001.
Pero como un nuevo Terminator, se recobró y hoy orilla un 25 o más porciento, porque nadie sabe bien ya cuales son las cifras de las cuentas nacionales. Incluso están sospechadas las provinciales, por la necesidad de acuerdos políticos y auxilios financieros, cosa que se dice en voz baja. Sea cual fuere es muy alta, y en general no fue muy tenida en cuenta hasta época reciente por las autoridades económicas y monetarias nacionales.
El argumento más bien se remitía inicialmente a la vigencia del modelo Lavagna, Kirchner (Néstor) que mostro durante un periodo largo gran eficiencia, aunque demostrando ya que la inflación había rebrotado. Los epígonos del gobierno oscilaron entre no querer darse por enterados, o justificarla como necesaria e inherente a las circunstancias que se vivían. Colaboró mucho con todo esto una cuestión casi genética podría decirse de la comunidad económica argentina, porque la verdad sea dicha, la inflación no es de los últimos dos o tres años, sino que viene del 2004/5 por lo menos, pero como el mercado la absorbía como una esponja, nadie se preocupó demasiado.
Sería injusto no decir que desde hace un tiempo empezó a tomar carnadura en el equipo económico, que algo había que hacer, pero sin decirlo. Moreno por supuesto, ayudado por su aspecto, fue el malo de la película y sigue siéndolo, interviniendo el INDEC y los mercados, cuestión que no está mal siempre que se tenga en cuenta que estas medidas son de corto plazo, de mediano en el mejor caso. Además, el viejo y nuevo modelo económico es productivo, busca fomentar, ayudado por lo viento de cola y precio de comodities, a expandir toda la frontera productiva, hecho en el seno de una redistribución del ingreso.
Pero no todas son rosas, y hace rato que ha empezado una recomposición, sintonía fina le dijeron, que intentara frenar este flagelo. Se abre paso en los economistas y periodistas afines al gobierno manifestar el interés en el tema y como resolverlo, sin causar las típicas depresiones regresivas. En ese camino se va desde razonamientos lucidos, hasta tonterías como reminiscencia del inflaciones con crecimiento anteriores en los 60, omitiendo que eran otras épocas, con un país que tenía crónicos estrangulamientos externos, y que académicamente diera origen a un modelo tan caro a los economistas denominado stop and go, o sea, nos paramos en seco, reajustamos (devaluamos) y después arrancamos hasta la próxima crisis de balanza pagos.
Hoy todo es distinto, y está en un claro oscuro cual es el real origen de la inflación, que algunos simplistas interesados atribuyen a la emisión solamente, o a la denominada fiesta distributiva. Pero en el fondo, y dada la estructura económica y la decisión de no practicar ajustes salvajes, la pregunta es cómo se para la inflación sin regresividad ni recesión, es decir, sin crisis de crecimiento y que el pato lo paguen los sectores de menores ingresos; además sin tocar mucho el tipo de cambio ni permitir la competencia externa aunque sea a manera de amenaza. Visto así la cosa, el tema es muy complejo.
Pero que sea complejo no quiere decir que no se pueda hacer nada, pero de fondo, no cosmética como los congelamientos que sabemos su relativa efectividad, no solo en los precios, sino fundamentalmente en la economía real de bienes y servicios. Como colofón, y para hacer una descripción más ajustada, se trata de una economía concentrada y transnacionalizada, donde las pymes son la principal fuente de ocupación, pero no de agregaciones valor que llega en el mejor de los casos a un 40 % del PBI, pero no diferente al resto del mundo donde lo usual son los mercados imperfectos y concentrados pero sin la inflación de n nuestro país, aun en los casos hoy fronterizos de emisiones galopantes como USA y Europa, por razones de la crisis financiera.
Bueno y entonces ¿se puede parar la inflación? En mi opinión en el tiempo; los golpes fuertes no se pueden hacer, y los parches sirven de poco. La solución es una política combinada fiscal, monetaria y externa. Y aunque descreo un poco de los acuerdos de los actores económicos argentinos, fijando metas que se obtengan por consenso y se respeten. ¿Qué quiere decir todo esto? Ponerse de acuerdo en políticas fiscales que bajen el déficit, pero mirando con cuidado como se hace, de manera de no perjudicar o hacerlo menos posible a los sectores que hoy tienen subsidios; fijar metas monetarias compatibles con este suave aterrizaje del gasto público, y que implique no seguir tocando los fondos del Anses y Banco Central, con utilidades que son contables básicamente, pero que están cebando una bomba muy peligrosa. Ajustar más rápido el tipo de cambio, no cayendo en la ilusión que tener resuelto los problemas de balanza de pagos implican haber solucionado todo. Por supuesto seguir en una política de incremento de la productividad. Y por último tratar de entender que los periodos electorales no son lo único a tener en cuenta.
Todo esto implica tiempo, no hay soluciones mágicas, pero sino se hace algo, y no se van resolviendo los diversos frentes que el gobierno tiene abierto, se corren riesgos conocidos, algunos insinuados por el lucido dirigente de Mendiguren, o entrar de lleno en la famosa estanflación. Por ultimo cabe confiar en la divina providencia y que las cosas en el largo plazo se arreglen solas, concepto muy caro a los economistas neoclásicos y monetaristas, que son la mayoría acá y en todos lados, pero cuyo costo es humano en sus diversas expresiones. En el fondo es una cuestión filosófica, donde a veces se quiera hacer primar el sentido común; los físicos nos han dado una muestra de la falacia del sentido común, con Copérnico y qué es el centro del mundo, o Einstein con su teoría que los planetas siguen rectas en espacios curvos, o más recientemente, las divulgaciones de una teoría muy vieja, la cuántica, que nos habla de la indeterminación y el caos.
Como cualquiera puede hablar de economía, puede también suponerse que sol gira alrededor de la tierra, al fin y al cabo, todavía decimos sale el sol o se pone. Pero en argentina hay economistas buenos, sin exagerados compromisos que deforman las opiniones, y que ojalá encuentran el sendero de salir de este desfiladero estrecho. No miremos todo lo malo, se ha avanzado mucho, y entre otras cosas, por muchas razones, la argentina dio ejemplo mundial de recuperación, en un mundo se sabios financistas y economistas que todavía hoy no pueden salir de la recesión en USA y Europa.
(*) El autor es economista. Asesor económico financiero de la
Asociación de Industriales Metalúrgicos de Rosario (AIM)