Últimos días de la muestra de arte mutualista de Berni

Estará hasta el domingo 18 de mayo en Fundación Osde. Un adelanto sobre las obras de los grandes pintores como Grela, Gambartes y Berni, de la vanguardia realista sembrada en Rosario.

 

La muestra titulada “El Realismo como vanguardia. Berni y la mutualidad de los años ‘30” se puede visitar de 12 a 20 lunes a viernes, y el sábado y domingo de 17 a 20. La muestra reúne a los artistas del grupo La Mutualidad, conformado en los años 30 en la ciudad.

 

Los miembros del grupo de vanguardia artística y política, cuyas obras se exponen en dicha muestra son: Cayetano Aquilino, Antonio Berni, Juan Berlengieri, Andrés Calabrese, Aldo Cartegni, Leónidas Gambartes, Domingo Garrone, Juan Grela, Pedro Hermenegildo Gianzone, Alberto Mántica, Anselmo Piccoli, Medardo Pantoja, Guillermo y Godofredo Paino, Ricardo Sívori, Juan Tortá. Alados y proyecciones: Amadeo López Armesto, Luis Ouvrard, Aldo Magnani.

 

En un encuentro con el curador de la muestra, Guillermo Fantoni, se detalla sobre su investigación en el terreno: “Fue mi experiencia de curaduría más difícil, porque a medida que se avanza en el tiempo hacia atrás, las dificultades son mayores”. Lo que se ve en la muestra es sólo una parte de lo que se ha conservado la vanguardia, la cual fue muy intensa y duró pocos años.

 

Buena parte de las obras, “por su naturaleza política y efímera”, no se conservó más allá de esa época. Son obras que eran en formatos gigantes (de murales) que se podían plegar y trasladar para llevar a huelgas, a sindicatos, barrios periféricos y fábricas, “para comunicar sus ideas a un universo de espectadores muy distinto al que asistía a salones de arte”.

 

Fantoni explica que en los años ’30 las obras de este grupo eran decoraciones de actos políticos, anti fascistas o anticapitalistas, que servían “como propaganda del partido comunista, y que no se conservaron porque se producían clandestinamente”.

 

Cabe destacar que se trata de obras que no fueron pintadas con el fin de la deleitación sino “como dispositivos para activar y cohesionar a nuevas audiencias, a un tipo de espectador que representaba muy genéricamente al pueblo, y era el que transformaría la sociedad utópicamente” en Berni y su escuela taller.

 

Lo novedoso es que se han podido reunir obras de autores poco conocidos y desconocidos, como las de Cayetano Aquilino, un santafesino que nunca fue reconocido como parte de aquella historia. Otros conocidos como Sívori o Calabrese, que “son importantes en Rosario, pero sus obras no se han exhibido antes con masividad”, como asegura Fantoni.

 

La muestra se llama “Realismo como vanguardia” porque, como el curador detalla, “Berni pergeña con los jóvenes que lo rodean, y pone en práctica una forma de realismo moderno, un realismo de nuevo cuño, que sigue las tendencias más operantes de la escena artística de la entreguerra, con novedosas formas de trabajo inéditas (nuevos pigmentos, sopletes de aire, flexibles de celuloide, corrientes eléctricas, la fotografía como apunte, la ostentosa brocha mecánica, la pintura con compresor, pulverizando sobre la tela)”. De modo que se trata de un realismo moderno, que se pone en práctica a través de procedimientos de un grupo que funciona como una vanguardia en dos sentidos: “Una vangarde, estética que pone en juicio el orden cultural y cuestiona todo el orden político; Y una vanguardia de avanzada política, como las llaman los ingleses. Por ende este grupo tenía una doble militancia, en el arte y en el campo político, con manifiestos, declaraciones poéticas y de acción, con un proyecto social y cultural”.

 

Como detalla el curador, lo que se hizo en los años ’30 en Argentina, específicamente en Rosario, no está desprendido de una movida americana general, con Jackson Pollock y Siqueiros creando workshops en Estados Unidos y Méjico, con contenido realista y crítico. Por ende, como asegura sin tapujos Guillermo Fantoni, “las obras de los rosarinos pueden exponerse como parte de la corriente realista moderna en cualquier museo del mundo”.

 

 

Cómo está armada la exposición

 

En la escuela taller de la mutualidad se planteaba que el arte oscila entre “la adhesión a la realidad y la devoción por el ensueño”, y a que el misterio no desciende sobre el mundo, sino que se esconde detrás de las cosas cotidianas y reales, al igual que en el Realismo mágico de la literatura.

 

Las obras estaban imbuidas en climas extraños, insólitos, e inscriptas en la realidad de los sectores populares y políticos. Otras menos realistas y más envueltas en un halo de lo onírico, del misterio como si fuese real pero improbable. En el primero de los pisos de la muestras se encuentran las obras más inscriptas en la “adhesión por la realidad”. En las segundas es más “la devoción por el ensueño”, son las imágenes del surrealismo. En las terceras se encuentra lo más abstracto, que ya se consideran imposibles.

 

En las obras centradas más en la realidad se observan paisajes de astilleros, fábricas del auge del mundo moderno y situaciones cotidianas de Juan Grela. Hay impactantes autorretratos realistas con juegos de luces de Berni, Grela y Berlangieri.

 

Los paisajes de barrios humildes con adoquines y oficios, como el de bombero, que el mismo Medardo Pantoja oficiaba y retrató. Hay mucho juego de luces y sombras en los retratos de Sívori y Piccoli, quienes retomaban el estilo en auge de Siqueiros, junto a Berni.

 

Hay paisajes y retratos de Calabrese, con un pincelado bien modernos, sin relieves y en colores pasteles. Peones del campo y del puerto, y hasta una reproducción de los obreros de la Refinería de Azúcar de Rosario pintada por Juan Tortá.

 

Las fábricas y los caseríos en acuarela, un linóleo y un aguafuerte de Berlangieri, representan con mucha claridad expresiones de trabajadores explotados y esclavizados. En las obras realistas de Gambartes predomina una paleta de colores cálidos, con imágenes de hogares humildes a orillas del río.

 

En las obras más relacionadas con el ensueño, en los pisos superiores, hay muchos retratos de mujeres melancólicas, con la mirada perdida y sin expresión, de Garrone, Calabrese y Berlangieri, y figuras de niñas con esas características pero similares a las del renacentismo, en Berni.

 

Los paisajes se repiten en consonancia a los cuadros realistas: zonas urbanizadas y humildes, fábricas, riberas, casillas, caminos de tierra en esa transición a la modernización del pavimento.

 

En los interiores hay objetos abarrotados y coloridos, de un marcado surrealismo, como también lo son los cuadros de Píccoli donde muestran cuadros dentro del cuadro, como realidades concéntricas. En Mántica se observa ese paisaje de urbanización en pleno Parque de España de Rosario. En la mayoría, la Modernización es vista como “depredadora”.

 

Gambartes muestra temas modernos como la guerra, el trabajo, las supersticiones, pero con un detalle minucioso y representado en un estilo infantil en témperas de colores vivos. Objetos que siguen un estilo de Dalí en López Armesto, y un arlequín en lápiz blanco y negro, de una monarquía amenazada por el devenir del capitalismo. También en lápiz hay trazos libres y oníricos de Berlangieri, de viajes estelares en pareja y a caballo. Otro onírico es Aquilino, quien representa quintas con arboledas alegres y niños jugando.

 

En cambio Píccoli muestra paisajes desolados, campos, riberas y puertos tristes pero no reales. Ouvrard muestra óleos muy coloridos de muchos objetos juntos, sin una cohesión con esa realidad carente. Y Mántica opta por iluminar con un sol de verano sus paisajes de la urbanización, como fotos que se queman.

 

 

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