La sensación de no sentirnos escuchados

“Mi pareja no me escucha, mis hijos no me escuchan, mis amigos no me escuchan”.  A menudo decimos, o nuestros amigos o familiares dicen, que nuestros afectos mas cercanos no nos escuchan.

 

Esta queja se puede repetir por cientos: “mi jefe no me escucha” o “mi compañero de trabajo no me escucha”. Hay algo en común en esta queja. Quien se queja que no lo escuchan, piensa que la responsabilidad de que lo escuchen es del otro y no de uno mismo.

 

Hay un concepto remanido, aquél que nos decía que la comunicación estaba representada en un esquema en que A (emisor) enviaba un mensaje a B (receptor); algo así como hablarle a un loro o a un grabador. El loro o el grabador pueden oír, recibir el sonido del mensaje; pero… ¿eso es escuchar?.

 

ESCUCHAR = OIR + INTERPRETAR

 

Pero tampoco alcanza. ¿Saben por qué?, porque el problema de que no te escuchen es doble. Quien no es escuchado no escucha a los demás. Experiencias que se desprenden de la práctica de la Ontología del Lenguaje y del Coaching Ontológico, proponen a la persona que no se siente escuchada, cambiar su manera de escuchar, y en consecuencia esto hace que cambie la manera de escuchar del otro, que es a quien le reprochamos que no nos escucha.

 

La escucha no es un hecho simple, es algo complejo.

 

¿Qué deberíamos hacer para escuchar mejor, y como consecuencia que nos escuchen mejor? Hay que oír los sonidos, pero además hay que interpretarlos.

 

Pero se puede ir mas allá: percibir la corporalidad, lo que nos muestra con su cuerpo, la emoción que le imprime a sus palabras quien nos habla; aun más, hay que escuchar la música con que nos dice las cosas, porque los mismos signos, los mismos sonidos, cambian según la forma en que se los dice.

 

Pero hay que ir todavía mas lejos.

 

Como el hablar es acción, y la acción o las acciones que realizo me constituyen en el ser que soy. Lo que me dicen, debe ser escuchado de manera activa captando las inquietudes de quien habla. También es importante saber que me hablan y que escucho desde una pertenencia histórica, una época, un lugar o un grupo determinado. Y que siempre lo que nos dicen, y lo que interpretamos, esta separado por una brecha, más chica o más grande según sea nuestra pericia para escuchar.

 

¿Cuáles son las herramientas para achicar la brecha?

1. Verificar lo que nos dicen.

2. Adentrarnos en las inquietudes del que nos dice algo.

3. Indagar para aclararnos más y meternos todo lo posible en el misterio del Ser que tenemos enfrente.

En definitiva, abrirnos al otro, interpretarlo.

 

A lo mejor ahora logramos que los amigos, los hijos, la pareja o los compañeros de trabajo nos escuchen, porque antes los escuchamos nosotros. Porque para que nos escuchen tenemos que escuchar nosotros primero.

 

 

(*) Marta Repupilli es licenciada, facilitadora de procesos de aprendizaje para adultos y Coach Ontológico Profesional con especialización en Coaching Corporal. Coordina talleres de Coaching para emprendedores y para promotores en el area de la salud y prevención del VIH/Sida. Coordina talleres de Coaching para docentes en el programa Mirada Maestra del Ministerio de Innovación y Cultura de Santa Fe. Además publica contenidos relacionados en el blog Coaching Rosario.

 

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