La marea feminista volvió a colmar las calles de Rosario y esta vez fue aún más numerosa. Después del segundo paro internacional de mujeres realizado este jueves, una multitud se reunió por la tarde en plaza San Martín para recorrer el centro de la ciudad y desembocar al anochecer frente al Monumento a la Bandera para el acto y festival de cierre del 8M, en el Día Internacional de la Mujer.
La masiva marcha fue protagonizada por mujeres, lesbianas, travestis y las identidades feminizadas que hicieron sonar varios reclamos. El más fuerte, fue el pedido por el aborto legal, seguro y gratuito tras la presentación, por séptima vez esta semana en el Congreso de la Nación, del proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo para evitar muertes de mujeres en abortos clandestinos.
También resonó la consigna por la eliminación de todo tipo de violencia machista, la erradicación de los femicidios y un planteo generalizado de igualdad de derechos en todos los ámbitos.
Se concentraron cerca de 70 agrupaciones que luchan por los derechos de las mujeres. Sumadas a participantes espontáneas –expresado en femenino, aunque también había hombres que acompañaron–, la procesión por las calles superó las 20 cuadras. Y eso que por Pellegrini ocupó ambas manos.
A las 20 llegó la primera columna al Parque a la Bandera, ubicado frente al Monumento, que durante la hora siguiente continuó llenándose. Iban cruzando al parque, donde se montó un escenario para la lectura del documento de la asamblea feminista y el desarrollo del festival de cierre que contó con la participación de actrices, músicas y poetas.
Sobre el escenario frente al Monumento, las organizadoras con mayor cantidad de marchas encima mostraron su emoción por la llegada de miles y miles de manifestantes. “Estamos haciendo historia”, aseguraron y mencionaron que no hace tantos años, apenas ocupaban “una cuadra” en las primeras movilizaciones.
Pero los tiempos cambiaron y se aceleraron. Y este año se sumaron muchas más para decir por qué paran las mujeres, para hacer escuchar los distintos reclamos y para gritar: “Vivas y libres nos queremos”. Una transformación que llegó para quedarse.