En una de sus tantas acepciones en el diccionario, el término “justicia” se define como “la virtud que inclina a dar a cada uno lo que le pertenece o lo que le corresponde”. Sin embargo, en la República Argentina, son contados los casos que se resuelven de la manera correcta y un sinfín aquellos que demoran eternamente o no se canalizan del modo adecuado.
Así las cosas, resulta novedoso –y a la vez gratificante- que tres ex directivos de Rosario Central (Dalbes, Estévez y Gastaldi) sean investigados por el vaciamiento de la institución o que a un árbitro como Pablo Lunati se lo siga de cerca por un presunto enriquecimiento ilícito, aunque en este caso quien avanza no es la Justicia sino la AFIP.
Pero resta mucho para terminar con la impunidad. Aquella de la que gozan muchos personajes nefastos que se han llenado los bolsillos a costa de los clubes de nuestra ciudad, que fueron vaciados reiteradamente y que aún hoy afrontan deudas muy difíciles de solventar a corto o mediano plazo.
La causa que involucra a los mencionados ex directivos canallas no puede ni debe ser la única en tener su curso en Tribunales. Existen muchas otras, de real importancia, que no han tenido avance alguno y, como suele afirmarse en la jerga, permanecen dormidas o directamente “cajoneadas”.
Si de malas administraciones se habla, es imposible no acordarse del ex presidente de Newell´s, Eduardo López, cuya investigación no progresa en el juzgado de la Dra. Raquel Cosgaya, que ni siquiera permitió a la institución rojinegra presentarse como querellante. Al ex mandatario, cada tanto, suele vérselo por el centro de la ciudad como si nada hubiese ocurrido.
En la otra vereda, Pablo Scarabino fue sobreseído por falta de mérito en la misma investigación donde sus ex compañeros de fórmula fueron procesados. Pero no ha habido avances en otras causas en las que también figura, como la de la sospechosa venta de Ángel Di María al Benfica, en la que se desconoce el destino de un millón de euros. En dicha transacción también participaron Pablo Franco y Miguel San Martín, actuales directivos del club.
El encargado de llevar las riendas de este asunto fue el Dr. Juan José Pazos, hasta el momento de su jubilación. Desde entonces, el juzgado que tenía a cargo no posee titular y, por supuesto, ésta y muchas otras investigaciones no tienen curso. De más está decir que por Arroyito nadie más supo nada de Manuel Usandizaga, que no pudo dar explicaciones por varias decisiones mientras comandaba el fútbol de Central y luego fue galardonado por AFA con un cargo vaya uno a saber por qué. Aunque es de imaginar.
Como corolario de todo lo mencionado aparecen los lamentables hechos del verano que frustraron la disputa del clásico. Diez atentados, subsedes dañadas e incendiadas, domicilios particulares atacados y ni un sólo detenido. ¿La Policía? Ausente con o sin aviso. Cómplice por acción u omisión.
Indudablemente, la mancha más negra de la zaga fueron los episodios ocurridos el mismo día de partido, que terminaron con un efectivo baleado en el tórax. Si bien el autor del disparo fue detenido, los dirigentes de Newell´s aún no brindaron explicaciones convincentes y serias de las cámaras de seguridad que se “apagaron” o de la presencia de simpatizantes armados. Ni tampoco la Policía justificó la feroz represión en un lugar donde había familias. La causa, para variar, marcha a paso de hombre y desde hace largas semanas que no arroja novedades.
Y en el medio de tantos hechos policiales, nombres sospechados y episodios reprobables están los hinchas. Aquellos que juntan la plata semanalmente para alentar a su equipo, que se comportan racionalmente y ven el fútbol cooptado por la violencia y la falta de garantías. Y, desafortunadamente, nada pueden hacer como para cambiar la situación.
Todo lo antedicho merece un replanteo serio de dirigentes, policías y políticos. Pero todo debe ir de la mano de la Justicia. Mientras tanto, deberemos apelar al viejo proverbio que retumba cada vez más seguido en la cabeza de quien escribe: “Desgraciada la generación cuyos jueces merecen ser juzgados…”.
(*) El autor es periodista deportivo y columnista en varios programas radiales.
La columna de opinión fue publicada en el portal ahoradeportes.com